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Terapia



De adolescente me gustaba escribir, era una forma de bajar a tierra mis emociones.
De adulta, tuve un tiempo que lo abandone, pero luego, me di cuenta de que era necesario.
Porque es mi forma de hacer terapia, de contar lo que siento, sin necesidad de lastimar a otros.
En la adolescencia aprendí a ser fuerte, a que a veces es mejor no demostrar sentimientos, y es algo que normalmente uso cuando estoy frente a una situación difícil.
La capacidad de mirar las cosas, desde otro lugar, como observador, como si esas situaciones no me pasaran a mí en realidad.
Me casé, aun sin querer hacerlo, en el fondo sabía que no era necesario hacerlo, pero dije sí. Fue la forma que encontré para dejar de escuchar que eso era lo correcto al estar embaraza.
Con los años, tuvimos muchos altibajos, pero formamos una linda familia.
Lastima que siempre estaba presente esa sensación de que algo estaba mal, algunas veces perdone cosas que no eran perdonables. Quizás por miedo a la soledad, por miedo a no poder sola.
Permití que las frases que él decía entraran en mi mente, permití que el que dirán fuera más importante que lo que realmente pasaba.
Hoy con 40 años, y después de que mis padres fallecieran, sentí la libertad de hacer lo que yo consideraba correcto. Sentí que ya nadie podría juzgarme por mis acciones, o al menos las personas que realmente me importarían.
En mi intento de soltar cadenas, recibí varios insultos, varias puñaladas, de esas que van al alma, no aquellas que lastiman físicamente.
Cuando todo lo que hacemos causa duda y malestar, cuando todo lo negativo es nuestra responsabilidad. Y cuando la separación es inminente y recibes como respuesta que es “ la guerra”.
Cuando todo lo material pasa a ser importante, y quieren dividir.
Cuando no se reconoce los errores, y la respuesta es que yo me dejo llevar por chismes, que me llenan la cabeza. Sólo hacen que nuestros sentimientos, y cada cosa vivida sea insignificante.
Es por eso por lo que decidí volver a ser aquella adolescente, es por eso por lo que decidí ver la historia desde otro lugar. No me siento victima a pesar de saber que lo soy. Porque la violencia psicológica es violencia, aunque no deja marcas visibles, dejan huella en el alma.
Me propuse ser aquella que una vez quise ser. Me propuse comenzar de cero y dejar que la vida me sorprenda. Me propuse dejar de sentirme mal por lo que no funciono.
Quiero dejar de buscarle vueltas a aquello que no lo tiene. No se puede ser siempre la víctima, a veces es necesario querernos un poco más.
Ya no le permito el poder de lastimarme, entonces ahora, el pasa a ser la victima a ojos de los demás. El cree temer la razón, y ser el bueno de la historia.
Algunas personas no pueden lidiar con el fracaso, algunas personas, necesitan ser los buenos siempre. Lamentablemente yo no estoy dispuesta a ser usada, ni como victima ni como victimario.
Las parejas, tienen problemas y esos problemas son siempre 50 y 50. No hay culpables.
Si soy responsable de permitir que me disminuyera. Si soy culpable de creer que él me tenía que dar permiso para estudiar. De creer que esta bien que yo corra y me encargue de todo, mientras el solo se dedica a trabajar afuera. Soy responsable por justificar sus engaños y perdonar.
Pero ya no más, ya no se justifica lo que no se puede justificar, perdono porque es sano para mí, para mi alma, y mi crecimiento.
Suelto el pasado, y me dedico a vivir mi presente, a disfrutar de la vida. Pues sino lo hago, la vida me pasara por encima. Creo y sé merezco alguien que me ame y respete. Creo y sé que mi futuro lo transformo desde el presente yo misma.
Se pedir ayuda cuando la necesito y ya lo hice.  Reconozco que super ser víctima de violencia psicológica y física en mi adolescencia. Y perdone a quien lo hizo, porque era lo mejor para ambas partes. Y lo solté. Aprendí a soltar. Ese hecho “soltar”, me hizo darme cuenta de que había cambiado un verdugo por otro.
Pero esta vez, solo quiero estar viva, esta vez quiero que mis hijos no repitan la historia, y sean capaces de tener relaciones sanas.
Solo se trata de vivir, y ser felices.
Amar, respetar, y crecer

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