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Momentos

En las noches, mientras todos duermen, con música suave, me gusta escribir.

Buscando en la mente imágenes, de esas que nos quedan guardadas en la retina y en el corazón.

Siempre digo que la vida, puede ser difícil, pero es bella. Solo requiere de valentía para ser disfrutada, para ser vivida.

Caminando por un parque, junto a un rio, mientras lloviznaba apenas, recordé lo mágico que es estar vivo, en la simpleza que nos regala la naturaleza. En lo simple y mágico de la soledad.

Sentarse y contemplar el agua correr, y darse cuenta de que nunca es la misma agua. Lo mismo pasa en las diferentes situaciones de la vida. Nunca se repiten, cambian los momentos, y cambian los personajes, pero la vida continúa corriendo.

Recordar mantiene vivos, algunos personajes, y nos permite sentir nostalgia de algunos momentos, esos momentos en que uno se rio a carcajadas, esos en los que uno amo más que así mismo.

Guardo en mi memoria como un tesoro, momentos en que disfrute de las palabras y consejos de mi viejo, de los picaditos de futbol por la tarde. La música de fondo, carreras en bicicleta de las que guardo mis cicatrices, amores adolescentes de esos casi imposibles, y otros posibles pero que no llegaron a serlo.

Guardo en mi retina, la casa de mi tía, un pasillo donde de cada lado había más casas, todos familiares entre sí. Donde la sangre romaní se podía respirar a cada paso.  

El campo, el rancho de mis abuelos, el pozo de agua, que funcionaba como heladera, manteniendo las bebidas frescas en el verano, el olor a la leche recién ordeñada, el olor a tierra mojada.

Las palabras de mi madre, aconsejando, buscando a su manera la unión, buscando a su manera demostrar su amor.

 ¿Decime que no es bello recordar?

Atesorar la llave dorada de la memoria, esa que nos dice quienes somos, esa que guarda secretos, amores, desamores, alegrías y tristezas. Esa llave que permite mostrar quienes somos realmente a quien se lo merece. Atesorar que somos fuertes, y llenos de vida, que damos forma a nuestra vida, y escribimos con cada minuto, con cada acción y decisión que tomamos nuestra propia historia.

Somos historias, somos momentos.

Somos como ese rio… pero ya no somos lo que fue ayer, lo que fue hace un minuto.

El rio por momentos corre suave, y por otros cuando llueve y el caudal aumenta arrastra todo lo que se cruza en el camino. Así nos pasa a veces con determinadas experiencias, nos mueven del camino, nos hacen desviar, a veces debemos tomar atajos, otras ir por los caminos mas largos. Pero cuando el rio vuelve a su cauce, cada cosa va tomando forma, y regresa a su estado natural.

Recordar los mates bajo la sombra del sauce, los dolores de panza por comer demasiados higos, las ampollas en los pies, por caminar kilómetros con tal de juntarse a disfrutar.

¿Decime que la vida no es bella?

Hasta los finales, hasta la muerte tiene su belleza. Un árbol seco, que vio pasar el paso de los años, y se canso de dar sombra es bello. Y todo lo que podemos fabricar con ese árbol, es la continuación de la vida. Nuestra madre, nuestro padre que no esta hoy, recordarlos tiene su belleza. Porque en el acierto o en el error sus enseñanzas son una extensión de ellos, son una manera de continuar con nosotros, y dicen, que cuando soñamos con ellos en momentos que necesitamos sus palabras, es una bella manera de mostrarnos que están aquí, aunque no podamos verlos.

Así que nunca pienses que la soledad, o los finales, son feos. No pienses que esta mal recordar.

Porque en cada situación existe belleza, aun cuando en este momento no la puedas ver.

 

 

                               Mensajes del alma




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