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En que momento dejamos de soñar


En que momento dejamos de soñar

Cuando éramos niños, nos pasábamos horas soñando, jugando e imaginando otro mundo y otra realidad. Muchos aprendimos a corta edad, que para cumplir esos sueños debíamos trabajar muy duro.
Pero eso no nos impedía soñar. Sino que por el contrario nos pasábamos horas estudiando de qué manera resolver los obstáculos para lograr nuestras metas.
En algún momento del camino, fuimos perdiendo sueños, fuimos dejando de lado esa manía de buscar la manera de cumplirlos y nos quedamos quietos. Dejamos que la vida perdiera esa chispa que le dábamos en la infancia, algunos dicen que es parte de crecer, de madurar. En lo personal, creo que, al quedarnos quietos, dejamos de soñar, y pensamos que lo que logramos es lo que merecemos.
Nos conformamos con uno o dos de nuestros “sueños” cumplidos. Y pasamos años dormidos, dormidos, pero sin soñar.
Cuando pasa algo que nos mueve, es cuando nos despertamos y nos cuestionamos que hemos hecho de nuestra existencia. Cuantos sueños cumplimos, cuantas metas de esas que nos marcamos logramos realizar, o superar.  Y muchas veces cuando la balanza queda en negativo, esa situación que nos movió de nuestra comodidad pasa a ser lo que nos da fuerzas para volver a soñar, para volver a creer y salir de la quietud.
Merecemos cumplir nuestros sueños, nuestras metas, merecemos ser felices y disfrutar de cada bocanada de aire que inspiramos. Cada sueño puede ser cumplido siempre que mantengamos aquellas ganas de niños, y nos mantengamos enfocados en un objetivo a la vez.
Lamento que muchas veces necesitemos que algo malo nos suceda para volver a soñar, pero muchos seres humanos somos así. Necesitamos un golpe para reaccionar.
Lo importante no es el tiempo que pasamos dormidos, o el tiempo que nos lleve cumplir nuestros sueños, lo importante es nunca dejar de soñar, lo importante es volver a creer que nuestros sueños se pueden cumplir. Es escuchar a nuestro corazón y nuestros instintos, la mente nos puede traicionar, pero nuestro corazón y lo que sentimos ante una idea, esos nunca se equivocan.

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