Existen
momentos, instantes en la vida, que nos planteamos interrogantes, es normal en
todo ser humano. Son momentos en los que, por lo general, nos pasa algo, que
nos hace contemplar la existencia de otra forma. Esos momentos mágicos, en los
que nos permitimos ver nuestra vida desde otro lugar, por lo general, nos
ponemos en el lugar de observador. Y nos vamos dando cuenta, que se nos pasaron
5,10,15,20 años, haciendo lo que se espera que hagamos.
¿Cuánto de
eso que se espera que hagamos, realmente nos llena el alma? Cuanto, de eso, ¿lo
tenemos interiorizado y lo hacemos en automático?
Eso no
quiere decir que seamos malas personas, sino demuestra que somos algo más, algo
más aparte de, por ejemplo: mamá, esposa, empleada, ama de casa, etc. ¿A lo
largo de un día, Cuantos roles cumplimos? Y de todos esos roles, por cuantos de
ellos recibimos un “GRACIAS”, un “te quiero”, pero sincero. Quienes nos rodean,
muchas veces, dan por hecho que las cosas se hacen, que estamos bien, o que no
necesitamos nada, porque siempre somos autosuficientes. Y si bien, muchas
veces, odiamos pedir ayuda, porque asumimos que “el otro” debería darse cuenta,
nos olvidamos de que “es otro”. Ese otro, no piensa como nosotros, y muchas
veces no tiene la capacidad de ver las cosas igual que nosotros.
Quizás porque
creció de una manera diferente, quizás porque no le sale.
Pero cuando
nos comenzamos a plantear, cuestiones existenciales, y decidimos usar algún
tiempo libre en realizar algo que nos guste, que nos complete, que de alguna manera
nos llene, o nos permita volver a ser lo que en esencia somos, pero dejamos por
un tiempo de lado… Ese “otro” dependiendo de cómo este plantado en la vida, puede
que no nos comprenda. Lo bueno es saber que puede pasar, lo lindo de la vida,
es que las personas, como el universo, esta en continuo cambio. Es mentira que,
a los 40 años, somos la misma persona que a los 18 años.
Y en ese
proceso, muchas personas (“otros”), ya no van a formar parte de nuestra vida.
Entender que,
en ese proceso, somos todos responsables es parte de crecer. Crecer como
personas, como seres individuales y únicos.
No se
debería difamar, a esa persona, que intenta buscar su camino, y la persona que
decide cambiar, no debería tener que justificarse ante nadie. El ser seres pensantes,
con emociones, y libres, nos permite hacernos cargo de lo que nos pasa. ¡Soy
responsable! ¡Me hago cargo!
Poco
importa, si la contra parte, no es capaz de comprender lo que nos pasa, poco
importa, si uno con los años se cansó, de escusas y cuentos. Poco importa si la
otra persona (“el otro”) es capaz de hacerse cargo, de las partes que le
corresponden.
Ejerciendo
mi derecho a la libertad, yo decido tomar un camino, y aunque cueste, soy
autosuficiente.
Cuando a
muchas mujeres se les hace creer que sin una pareja a su lado, no pueden estar,
porque les falta algo, o carecerían de algo… lamentablemente subestiman a esas
mujeres. Personas que son capaces de dar vida, y llevar en su vientre 14 kilos
extra o más, personas que casi sin dormir organizan su tiempo, entre los hijos,
el colegio, las tareas, la casa, el trabajo, y escuchar a su pareja. Son más que
autosuficientes.
El problema
en parte esta, que, en una sociedad, que naturaliza, el que otro piense, otro
decida, otro haga, cuando una mujer decide ser libre, es un bicho raro.
No hablo de
libre en el sentido de que esta presa al estar casada. Hablo en el sentido de
ser 100% responsable de sus acciones, sus consecuencias y actuar en base a sus
convicciones.
Muchas
veces es más fácil, para “el otro”, decir que estamos locas, que alguien nos
mete ideas en la cabeza, o como no comprenden lo que nos pasa, cuando nos
quedamos en silencio, y ya nos discutimos, “OCULTAMOS COSAS”. Si fuera así, las
mujeres sabemos ser especialistas.
Si estamos
tristes, o destrozadas, cuantas veces, nos lavamos la cara y hacemos como que acá
no pasa nada. Cuando los números en una casa no dan, cuantas veces, nos sentamos
a planificar, y vemos todas las alternativas posibles, sobre todo cuando hay
chicos, para que ellos no se preocupen por cosas que (por su edad) no deberían
preocuparse, sabemos ocultar el cansancio, y si tenemos una reunión a la que no
se puede faltar, vamos con nuestra mejor cara. Vamos a lugares que quizás no
nos gusten, pero no vamos a dejar de acompañar o pasar un rato en familia, por
ello.
Entonces,
seamos realistas, cuando las mujeres entramos en un momento de planteos, cuando
vemos cosas, que no nos gustan, cuando el universo nos dice; Hey! Mira esto …y
decidimos, comenzar a cambiar… no ocultamos nada, no estamos locas, nadie nos
mete ideas, solamente que las mujeres, percibimos las cosas de otra manera,
muchas veces buscamos otras respuestas, que el “otro”, NO VA A COMPRENDER. ¡Y
está bien!
No me lleno
de odio, no me lleno de escusas, me hago responsable, porque de eso se trata
ser libres, de eso se trata la vida, y como somos energía (según dicen),
estamos en continuo cambio. No necesito dar explicaciones, o excusarme ante
nadie, ni tengo porque esperar explicaciones de “OTRO”.
Cada cosa
va tomando su camino, y el universo solo se encarga de organizar, las piezas
del tablero.
Sigo
diciendo una y otra vez, la vida es bella. Nosotros somos los complicados. Me
ha costado mucho aprender a no cargar mochilas que no me corresponden. Me ha costado
mucho, el aprender a no hacerme responsable por lo que los demás creen de mí.
Soy
responsable de mí, no de los pensamientos y opiniones de los demás. No puedo
hacerme responsable de lo que “otro” dice de mí; no gasto energía en ello. Soy más
transparente que muchas personas, soy muy simple, soy directa y muchas veces evito
ir al choque, pues, aunque no lo parezca al igual que muchas mujeres,
analizamos en nuestra mente, todas las opciones. Tal
cual un tablero de ajedrez, y eso muchas veces, nos hace demorar en darnos
cuenta de que la vida va pasando, a veces es necesario tirar el tablero al piso,
y comenzar una nueva partida.
Todos somos
seres diferentes, y tenemos el mismo derecho a la libertad (libre albedrio).
Que no importe lo que digan de ti, porque siempre hablaran a tus espaldas. Y eso
solamente significa una cosa, la persona que habla de ti “esta detrás”, no esta
a tú lado, ni esta por delante.
El que
trata como un igual, nunca va a hablar de más, nunca va a ensuciar tu camino. Porque
entiende de libertad, y entiende que, en cualquier tipo de relaciones, todo es
50/50. El que trata como igual, realiza las mismas actividades, y divide su
tiempo, entre todas las tareas, tiene la misma variación de roles que tú. Y cumple
con cada uno de ellos. No sobre carga al otro, porque ... total puede.
Dejemos de
crear princesas y príncipes y comencemos a educar, para que sean hombres y mujeres
libres, capaces de respetar, la libertad del “otro”, capaces de ponerse en el
lugar del otro, y por sobre todo capaces de hacerse responsables, cuando algo
no esta bien.
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